El sabor de la derrota

(por Manuel Vargas)

La máquina me sonríe. Pienso, va, por qué no. Lo necesito.

Meto cinco monedas de un euro. Pulso el botón. Recojo el paquete y el cambio.

Salgo a la calle. Abro el paquete. Saco un cigarro. Lo huelo. Lo paseo ente mis dedos. Medito. Dudo. Finalmente, me lo pongo entre los labios y enciendo el mechero.

Aspiro. El humo recorre mi paladar, lame mis dientes y mis encías. Inunda mi boca. Baja hasta mis pulmones.

Cierro los ojos. Exhalo.

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