La bicicleta de plata

(por Manuel Vargas)

Sentados en tierra yerma otrora sabia
oigo a mi espalda naves sirias
deslizarse sobre nuestra ebria quimera.
Tus senos en mis palmas son
palabras de agua, versos de mar.
El crujir de la espuma en la arena.

Dejamos la locura sobre la mesa
entre platos a medio roer
cementerios de brasas susurrantes
y copas manchadas de tintos besos.

Me hundo en ti y me precipito
en el abismo verde de tu iris.

El patio de luces está vacío.
Allí duerme la bicicleta de plata
que sueña en cada muda ventana
el orgasmo que muerde tu boca.

 

Rotterdam, 2004

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