El parado

(por Iván Pérez Rayahttp://ivanperezraya1976.blogspot.com.es/)

Casi sin quererlo el cansino caminar del hombre le llevaba a través de las calles de su pequeña ciudad provinciana, la lluvia caía incesante esa mañana, él con tan solo un abrigo negro como refugio de la fría agua que golpeaba su pelo, escupiéndola al no poder retenerla en su interior.

Pasados los treinta, casado y con tres hijos su futuro se desvanecía como la lluvia en los charcos que se amontonaban en las orillas de las aceras, tres años de desempleo caían en sus sienes y amordazaban su corazón, dejándole desnudo ante los que más cerca estaban de él.

Como cada mañana había dejado a sus hijos en el colegio, esperando que absorbieran todos los conocimientos que pudieran, que les llevara lejos de la situación que angustiaba su alma , se dirigía sin demasiada esperanza al lugar donde cada día se reunían los que como él buscaban una salida, los que como él habían perdido la posibilidad de disfrutar la vida.

Como todos los días estaba lleno, gente de todas las edades se amontonaban ante un tablón semivacío de oportunidades de trabajo, las pocas que habían eran tan inverosímiles que casi era imposible tomarlas en serio, allí se quedó, de pié, impasible mirando a aquella gente, rivales en su lucha por encontrar un futuro para su familia, compañeros en la desdicha de haber perdido su puesto de trabajo, uno de ellos, de mediana edad se acercó a él.

– Esta situación es insostenible, somos casi cinco millones ya.
Cinco millones, pensó, sin dirigirle ni una mirada, cinco millones ¿de personas?
Recordó que unos días antes había tenido una pequeña discusión en un foro de internet, despotricaban contra el gobierno diciendo que era el culpable de la situación, que la derecha iba a arreglarlo todo, pero él sentía que seguían sin ver la realidad, seguían echando culpas sin darse cuenta que quizás el problema era mayor de lo que pensaban, quizá el sistema que nos autoimpusimos estaba podrido desde el inicio, quizá fuimos inconscientes de que les dábamos demasiado poder a aquellos que deben trabajar para el pueblo, quizá nos creímos que el dinero que nos ofrecían los bancos para que nuestras vidas fueran plenas y satisfactorias no era más que una trampa, un yugo al que nos atamos esperando en el filo del acantilado que nos dieran un empujón.

Creímos durante años que podíamos vivir como lo que no éramos, que podíamos conducir coches que estaban fuera de nuestro alcance, que podíamos endeudarnos sin consecuencias, vivimos la época donde creíamos que los pobres no existían, que el trabajo era inagotable, y que era mejor no llevar la contraria a nuestros jefes, pues debíamos pagar todos aquellos gastos y nos iba bien tener una nomina fija para que los bancos siguieran “Regalándonos” el dinero, pero nos equivocamos.

Debimos luchar cuando los convenios no nos aportaban sueldos dignos, que nos permitieran ahorrar para comprarnos los coches que nos gustaban, que nos permitieran ahorrar para vivir la vida que nos apetecía, decidimos que no debíamos luchar, sino que era mejor “Aprovecharnos” del sistema, pero ese sistema era perverso, la pretensión de los bancos no era tener clientes, sino esclavos perpetuos, gente que pagara sin rechistar intereses descomunales ya que, ya fuera por ignorancia o por dejadez, interesaba tener a la población controlada en el sistema del consumismo.

Tras estar divagando y después de apuntarse a un par de ofertas sabiendo que no le iban a llamar, salió de aquel deprimente lugar, dirigiéndose de nuevo a su casa, es decir al hogar, ya que no le pertenecía, sabía lo que se iba a encontrar al llegar, a su mujer triste, y a una nevera semivacía, facturas por pagar, miradas que se clavaban en el centro de su alma, miradas de su mujer amada, que a pesar de la comprensión de la situación, no podían remediar un atisbo de rabia, de incomprensión al que viene con las manos vacías, una mirada de desaprobación a los métodos para buscar un futuro.

Atrapado en sus pensamientos se fijó en un contenedor cercano, allí en un cubo de la basura, sobresalía lo que parecía la culata de una escopeta , se acercó y la sacó de allí, era en efecto una recortada de juguete, pero de un realismo asombroso, pensó que era un juguete muy caro, se quedó mirándola unos segundos y alzó la vista al otro lado de la calle, allí había un pequeño supermercado, volvió a mirar la escopeta de juguete y después de guardarla dentro de su abrigo cruzó la calle y sin pensarlo entro en él.

Apenas habían unas cinco personas comprando, con el único euro que tenía en su cartera, que llevaba hacia semanas para una emergencia, sacó un carro y se introdujo en los pasillos, empezó a llenar el carro de comida, no se estuvo de nada, yogures de todos los sabores y de chocolate, como les encantaban a sus hijos, que al ser pequeños no se daban cuenta de que existían variedades de yogures mas allá de los naturales sin azúcar; siguió con bebidas, zumos de todos los sabores y de marcas buenas, no los aguados que bebían sus hijos, y llegó a la nevera de las carnes, estaba harto de comer Cerdo y pollo, sus hijos merecían más, así que vació la parte del cordero, estaba feliz en su demencia pasajera, veía las caras de sus hijos degustando la comida alrededor de su mesa, sin miedo a repetir.

Cuando el carro no permitía ni un producto más, Pensó que era suficiente y se dirigió a la caja, donde el dueño del establecimiento cobraba a una señora, esperó su turno, sin prisas, con una de sus manos en el interior de su abrigo, agarrando fuertemente la recortada de plástico, ya le tocaba, el dueño de la tienda comenzó a pasar la comida por la máquina y colocándosela en el otro extremo de la cinta, el hombre guardaba su compra en el carro como si fuera a pagarla, tras el último de los artículos, el dueño, le dio el precio.

– Serán trescientos treinta y tres con cincuenta euros.

El hombre sacó entonces la recortada de plástico que hizo palidecer al dueño del establecimiento, que empezó a temblar y balbucear.

– Llévate lo que quieras muchacho, pero no me hagas daño.

El hombre asintió con la cabeza y se dirigió a la puerta sin darle la espalda al dueño que estaba con las manos alzadas, muerto de miedo, antes de salir del supermercado el hombre se guardo su arma de plástico en el abrigo.

– Me llevo el carro señor, se lo devolveré.

Salió de allí y corriendo desapareció al cruzar la esquina, nunca había corrido con tanta fuerza, se sentía mal por lo que había hecho, pero no podía dejar de ver la cara de sus hijos al ver aquella comida extraña para ellos, aquella variedad de productos que le llevaba su padre, ya no era un perdedor, ahora volvía a ser el hombre de la casa, el cazador que vuelve con la presa después de un día duro de cacería para alimentar a su familia, instintos humanos que permanecían dormidos, primitivos, pero humanos. Pero al llegar a una esquina un coche de policía le cortó el paso, dos agentes le encañonaron con sus pistolas y empezaron a gritarle que soltara el arma y levantara los brazos.

Dos calles, tan solo dos calles faltaban para llegar a su casa, los agentes estaban muy nerviosos, el hombre en cambio estaba relajado, pero una tristeza enorme le invadió, ya no podría llevarles ese regalo a sus hijos, volvería a ver miradas de desaprobación en los ojos de quien amaba, volvería a sentirse desnudo ante los que más cerca estaban de él, lentamente sacó su arma de plástico del abrigo, los agentes apuntaron hacia él y siguieron gritándole, pero ya no oía nada, solo sentía pena, recordaba a su padre fallecido pidiéndole que estudiara, oía a sus hijos preguntándole porqué no iba a trabajar, porqué no podían ir al parque de atracciones como sus amigos, porque no podían repetir yogurt, porque no compraba natillas de chocolate.

No cesó de levantar su arma de plástico, y mientras le disparaban pensó:

– Quizá estarán mejor sin mí, pero nadie les amara como yo.

Anuncios

4 pensamientos en “El parado

  1. ¡me encanta como escribes! me gustaria que te pasaras por mi blog, si no es molestia.
    Tengo 15 años y mi sueño es llegar a ser escritora.
    ahoraessiempretodaviatodalavidaesahora.wordpress.com
    michas gracias 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s