Precipicio

(por Magdalena Biota)

Cada vez que la rueda gira
encuentra una vuelta de sed
atada a la experiencia del trago.

Voraz,
regresa la rueda una y otra vez
de la carcajada de temerarios dientes
a la profundidad del goce
al resuello del llanto
o el encuentro del canto.

Y ese manto de sed oscura,
de brújula oculta,
es el encanto del sapo,
la lluvia del llanto.

Y no soy quien respira a sorbos el aire;
es la sed, el espanto, esa huída.
Mesfístofeles fue igual de trágica.

Absurda zumba en espirales,
zumba sedienta de esa cuestión de
luna creciente llena menguante.

Nunca se basta.
Gira alrededor de su ombligo.
Se traga toda el agua vulgar
y no le alcanza.

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