Los ríos en poemas primitivos

(de Akore)

Caen las estrellas si lo imaginas la piedra la fantasía el mañana del turbante es la puerta espesa del tesoro del deseo oscuro un grito un bostezo una bola de cristal. Con el cuenco del botijo en el vaivén de tus piernas de oro acuestas, el agua se va de los ríos buscando el mar, y el sexo como en polen esparce el milagro en placer y lo regala a las hojas, de un brío que consigue alimentar la hazaña del viaje, poeta, guitarra, flamenco, guirnalda.

El sutra del diamante viaja el agua al amanecer esculpe el agua de la vida, la brisa pequeña en ruído asombra cual verso iluminado. Y el sereno te traerá flores, se va del sueño en una estrella fugaz como del viento azul que bruma en la montaña, tarde que pide tu cuerpo que ansía la noche del alma que persigue tu luna a mí en deseo, y hay tanta belleza en la boca del que sueña. Te pintaré en verso y sobre la mañana correrán los animales y hermosa del cielo marinero en rima del arma en flor, como casida como amuleto azul como arbolito de la mañana, las palmeras y el limón en la azotea salivan, del himen del polvo amarillento.

En dos horas los planetas desesperan al azar del viento  presumiendo viviendo entre las piedras del camino observo los anillos reverdecer y en la boca que es luz resbalo sujeto a ti vivo soy pájaro soy cometa soy testigo del plazo que la serenidad ofrece al amor que circunda y que libre ama y el laurel duerme en la tarde como el artificio muere de amor porque la trama del relato gira sobre la piedra y sobre el crepúsculo y en el viento crecerá marrón oscuro el ombligo y el pubis azulado como la flor de un guerrero como la flecha que respira y aroma.

Atardece el ruído adormece los signos, el coro de la vida, la estrella polar tienta la mirada y en el patio menor el horizonte abre la puerta a mil voces. Vendrás, como el mirlo del mármol, como el arroz, al estómago, brizna del sur, jaiku enamorado del sol, tiza lunar, seda del espejo, árbol, saldré como sale el tímido violento sonido del amanecer, aljibe, hijo del limonero, al alba.

En el reloj del querer se acuesta el precipicio temprano, amada al alba la aurora luce con vino y avellanas, contigo acecha el borde de tu pecho en feliz sonido tras de sí, y luego el verano de tu cuerpo donde te bañas en brazos recuerdas y en la cuerda de la guitarra ronea el licor y todo sulfura y late y en el querer de tu boca y en tu pelo el clavel la sombra de los cuencos llamea en fantasía.

Nada el mar hacia donde nada el olvido, entre la muchedumbre esquiva el paraíso y en la estepa qué hay sino dolor, carretera,  motor, enganche. Fondeo entre los olivos líquidos y naufrago sin huracán ni terremoto y tu puerto me devuelve la memoria y el diamante del tesoro escondido descubre por sí solo y cantan los peces cuando estallan en el mar.

Porque sin llaves la esperanza devora la tarde y henchido de amor observo y corro el oasis de las mil fantasías como un lucero como una avispa, llévame al mar que naden mis pies descalzos y que naden o anden y que se sumerjan como tiovivo o como lucero de las dudas fieras que sienten la brisa y el tiempo, que siempre vuelven a enamorar, el lugar en que nací los luceros.

Volveré al mar como vuelve la ceniza.

Enamorado del lienzo abandonado aceite sahumerio almizcle sándalo tierra alucinada pendiente corazoncito del mediodía de ti buscando en los bares la luz de la noche y en temple pidiendo ayuda al jilguero al compás del instrumento que pasa al día junto a la luna de tu pelo.

Y la alegría aumentará, ríes en lucero lejanía la habitación de la vela oscura de la tarde luz azul clara del termómetro corazón amor  guirnalda instrumento. Deshuesa el viento, arremete contra el olvido, sueña el vaivén del columpio y se sumerge en el poema. Porque al ritmo como los pies bailan, tambor de otoño, sutra del corazón. Dibujo en tu pelo, con el dedo de tu saliva dibujo en tu piel, allí en la piel no en los ojos empieza nuestro amor, nuestro viento de besos, nuestro deseo de oxígeno, cual sexo macera nuestros labios la cicatriz ondea en tierra salvaje, y el sol la humedece, y la tierra ofrece su reposo al duende, su dulce descanso animal, su verso naranja de ideas apiladas en el seno de la montaña sagrada, silencio, canción, los ríos fluyen cristalizan en poemas primitivos.

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