Con tinta sobre tu himen

(por Akore)

Y querían quedarse allí junto a los hombres lotófagos
Y comer siempre loto, olvidando el regreso a la patria.
(La Odisea)

Tótem. Entro. Dragón. Siete. Mares. Siete. Trece. Ríos. Van con sus flechas flechadas. Odas. Corriente. Espiral. Cambias de eje. Cambias pistones. Tierra seca. Tintinean laúdes sitares en jarcias atiesas porque la ajorca en pie el equilibrio eres tú la jena que es de tu pie & es flor, vibrante como el amor en la sinfonía vespertina de la champaka de fuego, magnética del mes la mano interior caliente muerdes mi palma & te unges & te hinchas como un globo preñado & de sangre te inflo. Te sacudes en mil flores & te transmutas en Polaris. Astro serás oh tú única o tú hechizo cósmico que en miríadas llegas, en circuito. En el disco chispeas & del aire sobre un torrente de semillas nadas, sobre nenúfares en fango igual que tú las espirales las bocas de los lotófagos & ardo en temperatura & en Venus te acuestas temprano & al sol tu clítoris ya termómetro, mercurio que evoca un halo de luz que despierta el sonido de la luna.

Relámpago. Plural. Miembros. Átomos. Huecos. Célula. Molécula. Mayúscula. Cenit. Te humedeces en hilos. En epidermis. Piel cáustica. Te ensartas & a compases llegas en consonancia con la vibración vas & vienes & en los vaivenes la libertad acaparas la vergüenza la tortuga te transformas en membrana del amor, en el cerezo íntimo & último de la vasija. Porque eres latido corteza & la voz & fango & pájaro & fuego: mezcla metafísica del cuenco, orificio, corteza de la química & caligrafía patria del cuerpo, su músculo & su sangre, su tatuaje. Arañamos el primer muro a los días umbrías paredes las vaginas en tus manos sisadas me recuerdan cuatro sílabas: cuatro sones que acaban en uno. En una espiral de octavas de sones que acarician & van desatando el interior de tu nombre & en tejidos reverberan los ecos que recuerdan a personas, a cuerdas, a olas.

Cierro los ojos & me tocas sin tocarme. Al ciego tocas. Siento en tu espalda el mandala de mi semen, el ayer. La luna en chorro. Tus óvulos atraen los mares & el himen de la luna es la musa compacta de la tela. Hilas el viento hilvanas el collar de la paloma. Tiara en flor ya & eres, yantra & espiral que llegas en la alfombra del mantra & abrazas el mecanismo que se lanza en sol a ti, porque eres tú del espejismo el espejo & en tus senos hay una puerta que da embestidas con una claridad traslúcida tras la cual el arbusto mecido en viento vienes, & con tus manos en mis dedos en mí aprietas tus piernas dulces de la trampa: comedia o drama que violenta la compasión con la que el arco fluye como un pene sediento: que moja. & tú confluyes conmigo en la sustancia del conmigo & eres todo, sol, cosmos, crica, la espiral que absorbe. & te rebusco por ser & por ser en ti & en mí los pronombres del contigo, & ya no buscarte sino en el yo, en la felicidad del yo el combate feliz e ilusorio de los días del pronombre, de lo eterno, ser en ti memoria pasajera la biografía de la infancia. De la identidad del contigo se averiguan los astros, la piedra filosofal brota siendo día siendo día siendo cometa, siendo noche siendo piedra, texto angular serás, ya como el pronombre al final del día, el primer verbo.

La inscripción habita en el cuerpo. Recorre la hoja. Se inscribe allá: en ese lugar que es un no lugar. La tinta fluye, la identidad de la tinta recorre, vuelve a correr. La tinta & los versos son ya nombre de la hierba fresca, la oscura corriente cerúlea de la cuerda & la piel & la hormona, humedad de mimbre & trenza & cuerda; metalenguaje del primer pigmento. Signos de tierra. Victorias. La vida escribe a intervalos & a destiempo. Los tiempos oscurecen feroces & sobre & desde la bestial materia se descubre el cielo por los codos de los cielos. En el crepitar de las yemas auroras. En el aire los meteoros en circunstancias respiran destinos pendientes de la siempreviva, superviviente última, círculo de la memoria, terreno enamorado, sacro e insoluble e inhabitable en sí mismo: bola de barro que al fin gira en el viaje astral del eje mientras rodamos & giramos en centros infinitos que salen de un bosque de ramas. Mientras, alivias el hueco.

Exhalas el mandala y en el cuerpo eres libélula & liberas la tierra. En mí te embarcas. Con los brazos en flor traspasas. Allá donde la piel es ya piel van los motores como símbolos en alientos de bujías que elevan significados, significantes que incomunican, allá donde las ruedas salvan, los cuerpos interpretas tú en código, en sintaxis. Porque todo es metalenguaje de nuestra lengua propia. Después las manos vivirán en cuevas. Las ranuras en los pliegues de los dedos remarán las arrugas, santas aguas anegadas en el inframundo de la tierra. Habitas credos fecundos & te encoges en tus ranuras, en tus pliegues. Pliegues donde el calor fecunda al fuego, al agua, al deleite de la fraternidad de la tormenta salvaje de la fundida vasija. Diluvios.

En la tierra un día fuiste esperma & óvulo: unidad de la materia sagrada, principio & final & todo.

Licuarás en árbol. En helio. En barro. Las huellas son improntas del oxígeno. Señales, marcas. Corteza de los árboles líquidos. Aún negro sobre luz. Negro de nuevo. Los pigmentos brillan en nosotros. Son la experiencia, el piélago, un bastión de sirenas silvestres & algodón arcano de la tinta oriental, núcleos que huellan en el antifaz de la luz, marcas que al son de las horas son conchas de semillas los sentidos. & en el mar serás agosto, mágico olfato, recogerás los días de la insignificancia & tu amor salpicando los cuerpos descifrando los cuerpos en cifras, enigmas, movimientos de pieles que desnudan, que amarran los tejidos en el pie de la mar de los labios cual primer sorbo de ternura, de infancia. Te descompones & en planeta comienzas a hablar y en colmenar acabas, en la alegoría del texto, en mito. Los corazones son escritos de la memoria, el humo planea hilvanando los lapsos mientras tú esquivas & progresas hacia la rueda, alquimia en la que se entrelazan los círculos sacros, los injertos, los trozos, los retales. Del más allá injertos que en cronos serán cuerdas: taconear del sonido nuestro, la antigüedad más antigua, la más sabia, la rueda de los cuencos en el movimiento eterno en el sonido el corazón entra, porque es latido es ayer & es hoy. & vibro.

Viajes líquidos. Soles. El ojo ilumina en tu centro & donde vive la celebración celebras. Retozamos & tu vulva sobre mí ya tierra. Viene como un mordisco el pene erecto y un arco de sangre teje la sangre, que es de ti. & danzas en la tribal danza. & vencerás sobre el ojo de tigre, te anticiparás a los triunfos: comienzo de la piel & tambor, bombearás la sangre en la expresión de la clave mágica. El contexto es un sucedáneo del símbolo. Tu cuerpo es movedizo, como el biombo & la señal de un cuerpo denso, un denso deseo místico: agitación íntima & última de los surcos, de los charcos.

Te impones al orgasmo líquido absorbiendo, tirando de la serpiente me vas ayudando. Con el tacto aún caliente & el sexo como una piedra entro & me recibes. Con tinta sobre tu propio himen escribo, porque desde el principio todo es blanco & de tu piel la oración de la onda das tres pasos & me esperas en el día santo del árbol, en la higuera amaneciendo & sobre ti misma nazco, cantas, brevas, madurez allá la mácula & púrpura & en nombre en enjambre blanco el papel eres: juego rojo singular & final & puzle: sino del atrio, que en la selva el juego rumorea ser principio, fluxus, cíclico. & la libación es la entrada de la llaga inofensiva. Sabores escritos en los palacios de los textos: la piel fina, la tela fina, tinta & fuente & ojo & cuerpo, todavía & crezco.

Viene el licor blanco & débilmente se disuelve en aroma en polar tragaluz. Da a tu hombro & un acorde de jazz se disuelve & me acurruca, tus pies en lo alto de mi boca tu nombre es lo que a tu nombre das: un número, un antojo que abre la puerta de atrás & las moléculas derrites & derribas los surtidores que barnizan, & sueltas algo en el bosque. Betunes. Aceites sahumerios. Átomos esferas que encienden el salvoconducto subterráneo del empuje. Empuje. Empujas. Te empujo. En la selva secreción flujo olores a rama insectos frutos mejunjes. Jadeas vibrante e inhalo esas frecuencias, esas corrientes oh voces mundanas sobre tu ciclo de luz & tierras, cuando membranas bufen las palabras los espasmos los planos del sol los vientos del sol en tu plexo vibrará la dimensión nueva, la peripecia fresca & respiras el piropo & lo haces tuyo. En el bicho del templo en el perímetro del bicho resoplas. Suspiramos dentro una & otra vez & otra vez la luna en la espalda sobre mi cuerpo tu espalda tu cuerpo asoma sin asomarse, a las ventanas que dan a las puertas sagradas de la sangre.

Instante. Cálido. Tú hueles. A bocanada de humo. En orificio desbocas & me conduces a la entrada de tu hueco quimérico, condensado, sacro, viscoso, aceitado. Vacío & lleno. Almizclas el éter. En monte palpitas. El primitivo de mi corazón primitivo se acelera. Desconciertas & en exploración la intensidad en lo terrestre mueves. Inseguro de mí aún. Sangro. Destruyo. Dentro pinto & muros & caen las estrellas & en coralinas los matorrales me doy un baño. Allí me libero del ojo, del yo tercero. Te abanico & estás densa, cuentas chistes & protestas, ríes, lloras, los pezones guerreros te bailan & el globo de la memoria en mi boca de menta prendes. Insuperable, a la sazón de la cueva me hablas otra vez en clave, en transpiración, en clave. Detonas & el amor en la piel te aletarga rasgueas & ofreces un dueto un cante & en duende en amor explosionas de nuevo en los códigos la piel: nosotros seremos el regalo íntimo de la señal, la simiente & tú devolviendo en circuito el flujo: muerte próxima que no es muerte, que es un dormir sobre la vida en ondas, en ondas & en sobresalto. Eres tú. Tú tejes. Me violentas & en placer eres, en ti el óvulo cambiante que trasmuta el misterio, atajo camino & clímax, enigma que en la saliva adormece la energía, la entrega & la vuelve azul de aura & camino.

Me veo inmerso. Clavo la espada en señal de victoria. En el crepitar del vuelo eres tú quien vence ensalivando la corona, & me vacías. Los espermatozoides son monjes ya vencidos, guerreros dañados al fin por el amor & la luz que fue, dardo del espejo, del cordel, del remolino, del ovillo, pavesa alada del guiso, guirnalda de la fruta. Los sentidos siguen su camino. Vuelven. Aterrizan en el arrecife mientras respiras. Despacio jadeas al son de los vientos y tus tuyos son mis míos, mares & ríos son en sones & salimos: Viajes. En ti suda la aurora & sobre la amapola cae el Bóreas, & llega el boreal crepúsculo, el sueño del tambor tardío, el sueño eterno. Vendrán los cuerpos al final vestidos. Al principio. La piel antigua es la piel que atraca en los versos, el cambio respira en el alma, siempre victorioso & aprendiz del verso eterno.

El amor se inscribe en el enclave del verso. Es la piel más abierta, la más antigua. La herida más antigua quizás. La materia de los poros por donde los astros son siempre signos del cambio, la otra gravedad ingenua & las paredes lóbregas & al grito del papiro & corte & pergamino que la tarde eres, estruendo que concibes tras las letras, tras los glifos, & en trazas descoses. La punta del meñique apunta. Cabeceas en extremos en mil bocas siderales en senos fláccidos del más allá las tardes se disuelven en tu vulva.

& el viento a la espuma vierte en tu boca & das un giro de tres cientos sesenta & cinco grados. Mi boca se asoma a los labios, & tus ladrillos almendrados en el astrolabio físico mientras miras & con los dedos antojas ya la otra puerta & el himen nuevo. Allá me escribiré o me inscribiré yo, biografía & autobiografía del solitario. Diario del solitario al fin, texto negro siempre, texto negro azulino sobre luz blanca, cicatriz o herida que en repliegue pegadizo se entrega al ojo, a la llaga, a la luz que versa la negra tinta oscura sobre la luz clara que es verdad & toda & magia, todo verbo, toda tú oras, galaxia polar que extasías en mí, voz. Saldrás tú en voz, aliento último & primer suspiro. Sonido & eco & voz & tal vez llama. Eco. En el estallar primero en el sonido permanecerás. En símbolos. En la imagen de los textos ya flor ya oro, ya libre & en reverberación amor flechas sin cuerpo aún recibo, flechas que disparen en la eternidad dorada del fuego, en tierra, en fango, en texto, en cuerpo, en materia, en la eternidad dorada del fuego.

Despedida

(por Akore)

Pues el cuerpo es como una patria interna
del cual ningún pedazo puede ser quitado
sin exiliarnos cada vez
un poco de alma.
(Antonin Artaud)

Rayo de aguamiel escapo con la rapidez del meteorito lanzo el líquido y en presencia me escondo en tu piedrecita salada. En la brisa profunda observo y medito y me oculto en el relámpago del tiempo. En tu piedrecita bailo con mi último rayo y en la amalgama de mis golpes sonoros con los soles de mi tambor en la sinestesia resueno y en el hilo, llegando a percibir el aro del cielo y la sinestesia de los astros en la elipsis del son la luz nace. Fragmentamos las células oxidadas de tu piedrecita lunar, y ahí, en lo oculto humeo y te hechizo, y en el fondo hay algo, y rastreo y en la piedrecita del barro me uno en el brotar de la carne y salgo a la fuente en resonancia con los elefantes y los rinocerontes que se disuelven como flores como campanillas latentes y elementos & matiz & en cuatro o cinco transitan como columpios son membranas del átomo & un jazz de cruce de caminos que se disuelve por un barrizal de músculos y estrellas. Brincan las esencias que articulan ya las zambras y en barnices figuran sus formas fugaces resplandeciendo en una suerte de pájaros transitorios que eluden las escuelas del espacio y del viento y los vuelos los instintos son vuelos son instintos que eluden los instintos y la epidermis del charco son, y a veces salpican de barro, de nuevo y eres también tú y veces. Pero querías ser yo & mi hombro & eres ya una de ellos, y en las sombras eres tú, no de ellos sino de ti poco a poco vas desapareciendo, agonizando. Y vivo y me escapo y esquivas el azar tejiendo cuerdas, vaginas, zigotos, y cuerdas, el fuego te aparta por completo y el viento te ahoga. Y de nosotros el pronombre es juego y el nombre cuerpo que en templo es instinto, amor fuimos nosotros, y ya no somos ni el yambo, ni el jazz ni el colibrí ni el jaikú ni el lienzo. Mi lienzo se asemeja al desnudo / recuerdas? / al origen del pájaro, el jaikú, es tiza, también es una forma alegórica, figura que muere en la metáfora, en el proverbio en el río de la boca en el discurso de los tiempos que traen materia & forma & olvido & en el universo brota un verso que ya no une ni tu vulva ni tu tren conmigo. Tres líneas me bastan tres atardeceres me bastan, escribir o pintar tres líneas me bastan. Un jaikú. Tres trazos para romperte a través del verbo y del tiempo y el pincel y mi rayo y mi verso te acaban, te atraviesan, y tú, en el lienzo herida quedas, ya herida tuya, incurable, para siempre. Mi centro en cambio reposa. Osa y transforma. Y me devoro y de nuevo tú te vas lentamente en la herida que eres tú al final y llaga. Frenesí y herida eres y solamente deseas, al final de tus días renacerás en lo puro y aprendiz de todo y no tienes ni hogar ni patria ni los orgasmos esenciales & lo mío la galaxia sideral de las estrellas vibrantes que me atraviesan brillantes en cosmos, en Uróboros. Y no tienes lo esencial, ni el ser siquiera ni los espejos quebrados son ya tuyos, el abrazo incómodo es tu piel ya para siempre, cada nuevo día la herida en ti nombras y el hechizo es ya el trapecio tuyo, un buque que va a la deriva del que no te salvará mas que la luz de mi astrolabio que es la luz del todo / laboratorio & alquimia / y retrocedes mil años mil siglos y sola ardes sin memoria, ardes sin consciencia, sin amor, perdida, sin patria, sin luz, sin gas. Vagas en las sombras en la pena de la eterna oscuridad, por la oscura eternidad caminas, de hoy en hoy, sin la luz brillante, te nombro hoy y perdida en las tinieblas en la pena sin luz caminas, sin rostro ya vagas por el infinito.

Reptloma

(por Akore)

he visto el primer himen del verbo / el primer himen del verbo en la acacia / en la madreselva / en la fuente espiral / el agua / y mi semen perseguirá la hembra en la bola de Barro / todavía en mí voz / eco de la flor de oro / hilo del amanecer / Gemido. Latido. Grito. / en la hierba de tu pubis el monte / en tu vagina el flujo recorro / y te traen las ventanas la última sangre / Serás amor o sueño / magia o luz o nombre / si yo nombro el arcano eléctrico / el ensueño secreto que encierra el latido / que lo cubre de fuego y éter / en el tercer viaje astral / en la onda del iris párpado

Piel cósmica

(por Akore)

Tus pies en ónfalo. Óvulos. Cual milagro. Cual nudo deshojado. Frente a frente desnudo lo que tu boca besa. Beso la frente que en tus pies orea. Vals de la pierna oscura. Pubis caliente. Trenzado en tus pies, en medio de tus nalgas duermo. Tus dientes en diamante anudo. Semen que disparo contra tu boca cuando asoma alquimia vibrante y terremoto líquido.
Nochecita numen. Recorro la ranura de tu espalda en túnel junto a tu verso. Y tu clítoris ya dora en perfecto abrazo rozando mi piel junto al deseo mío. Mis pies tocan tu frente o la arden. La clave será verso, en sicomoro ahoga. Dilata tu ombligo un trocito de cartón submarino. Piedrecita. Aire lunar, mar angostado desliza. El cubilete desliza los dados en la noche. Mis dedos son el oxígeno del mar fecundos. Pestañean en loor. Corriendo al cofre, aire lunar el mar nombrado. Tu espalda, ciempiés que corre, laberinto.

Ola que en mi pecho fluye señalando los latidos en la nieve. Tu mirar se fue, tu pie se fue, tu cuerpo se fue y emboscada fui desnudo y ya en la alcoba yo quedaba fuera, descalzo, sumido en el deambular del párpado. Tus pechos me partían y yo me deshacía en tu cuerpo. Sin existir. Porque no puedo hacer frente al paso del tiempo en tu vagina. En reyerta angelical herido. Mi corazón mis pies contigo al filo del laberinto, elixir de rincones vaporosos, de payasos delicados que en corazón vuelcan, porque en tu camisón de aromas escapas, y mi alma se ve reflejada y no te espera ni te goza porque en el exterior del interior del dios en tu perfil de volcán en tu vagina húmeda penetro yo. Porque perforo. Tu piedrecita húmeda. Tu madrugada de viento crepuscular la toco. Verde ocre en la habitación roja masturbas. Astuta. Como un lazo como un azul marino atardecido, como un cerco como una arroba como un pez que en tu boca arrimas. Vi tus bártulos en la habitación del otro, la emboscada, el labio mío recorrió con sangre mía el pene, el goteo del sueño en los labios de tu boca mis labios penetrando en tu boca como zumo de chocolate en filo, sentimiento mío el geranio, la puerta del olvido descompuesto en sueño trompetea. Salvavidas. Acordeón. Mi corazón sigue combatiendo. La habitación. Cuerdas. Aquí sobre mi brazo acuestas.

Mi corazón ya en plena calle buscando una cara buscando un saco de dormir. Buscando a quien partir el sueño de un martes. Mis piernas baten récords peleando a la contra. En aljibe la tu almohada. Tu pecho renombro. La respiración en silencio mío y mis pies colgando del balcón de tu vals en cascada. Entre tú y yo nomás la veleta del recuerdo encendida en el mañana hecha jirón. Prende rojo arde el pecho los porosos posos del café alumbran mientras una cama aprieta la memoria… y vendrán los pies vendrá la magia y el símbolo en ranura agarrando este pulso que ya es tuyo. Luna partida. Dueña de los transeúntes. La calle es blanca y la trama del árbol la mañana bombea advierte al oráculo.

Oh alba. Oh musa. Oh diosa de los dedos de rosa. Oh náyade. Mis pies descalzos anclan. Bucean en remolino. Ni atan. Ni desatan. Avivan los silbidos de un tren que tu pubis ónfalo en memoria desliza, una cicatriz que olvidas porque la estación de mi frente en tu frente frenando para, como un tren viejo. Prenden los hilos de mi semen aún en la noche estrellada de tu telar. Lejos. La frente deseo. Las pieles cósmicas. Con pétalos en los rincones. El rincón del hilo del telar en tu mano derecha marchita. Saliva tu muñeca. Tu muñeca una mano acaba en mi viento. En mi pene tu muñeca. El pie me mira y de nuevo todo pasa tan deprisa que nado, siempre nado acabando porque nos queda el verano el manantial tras la ceniza en la llama. Mis pies van descalzos por la vida. Son como los ángeles. Mis pies son en la frente el manantial, la fuente. Mis pies si caudal, si madrigal, el río que tu vagina rosa. Mis pies ensartan. Son versos que se escriben en el espejo del aire. Los tuyos versos, frente a frente afrentan, bailando un sonido que es. Son el dios de la estrella. Son estrella. Oh hermana frugal. Oh superficie distraída por la memoria. Oh línea. Líneas hermanas, las mis manos. La vela caliente, el incienso luna, el desierto. Con un grano de arena, grana dura. No habrá más que en el cielo boscoso alguien, alguien que arda en tu ombligo conmigo. En tu corazón. En tu estación primera.

La habitación despierta y no estás. Ya tus pies en mi frente no recorren el mediodía. Ni el yogur. Ni nadie. Ningún nombre. Ni el cepillo de dientes. Ni la locura. Ni nada ni nadie. Ni el enjambre de erizos. No hay quien comprima el tubo. No hay quien ase la sartén. No hay quien se beba de un trago el detergente que limpia la sangre. La luna viene por los caminos. Alumbra los números. Las constelaciones alumbran. Los pies conocen el paso de la migaja pequeña que les une. Mi madriguera con tu madriguera puente. Soñarás en azul. Porque el día y la noche sueñan en azul. En Azules. En negros. En blancos. En caramelos sueñan. Como una mirada. Y no habrá quien los detenga. Nadie detrás de mí, después de la luna, tras mi destino no habrá nadie detrás del puente. Nada. Ni cambios. Ni cuerda, ni madera, ni herida, ni centro. Ni nada ni nadie. Al compás. Como una flor de loto agarras.

Cuatro. Cuatro las estaciones. Veintisiete planetas infinitas órbitas definitivas galaxias. Vías lácteas. Constelaciones. Cuatro. Cuatro. El oráculo en serpiente délfica escuchas. Tocas. El rincón ahoga. La tiza anuda. El alma lo sabe lo todo. Todo. Ajena a la nada. Que tú fabricas los colores en la oscuridad del sueño. Entonces la cuerda baila al son del caramelo y la brújula en deseo te encuentra en el terrón de azúcar bajo la almohada y en sisa la libertad el murmullo. El miedo danza bajo la bolsa de plástico que es tu oído. Marcando al son del corazón. Sentido, sentido, sentido.

Suelta el poema un bramido, un himno que es la fuente. Los pies en barro al estallar el tiempo. La vida no es más que una vela con forma que iza. Que iza un pie desnudo que señala en plural los caminos, los planetas, los cambios, las danzas, la señal, las señales, de otro, los otros. Los cuatro elementos cósmicos. Oh destino, el amor es un mago que toca el tambor y a los signos avanza, los signos del sueño hacia el enigma de tu ombligo esconden hazañas brújulas símbolos tatuajes señales marcas heridas cicatrices ombligos cordones lazos.

Recuerda el tatuaje. Un verso escrito por ti que mi piel vomita. Tatuado en mí en piel, a ese verso me aboco, ya en forma de pasamanos o de sobremesa. En contorno. En dulces sueños formas. Remotas formas. Como el valiente velero que iza. Como el tsunami palatino. Que en garganta frotas la oclusiva. En ti en oro. En ti. En aroma. En ti en ónfalo sagrada vagina. Tu espacio lunar, tu centro el universo porque tu pelo prendido enciendo. Al mar dialogando vuelvo. En cohete. Brújulas.

Nube. Paraíso. Cabezal perdido. Ni prenda ni almanaque que el cielo contenga. Mis pies salvan tus besos de azafrán la mañana la golondrina el ruido alcanza los pies, la memoria, descalzos, arma, bala, reposo, columna, y el corazón, es el llanto umbilical del cometa. Cometa encendido, que el eros los ecos cristalinos acoda. Porque escapan. En el sentimiento del verso escapan en piel cósmica. Son cuatro. Encendidos. Pies descalzos. Tu frente. La frente. Descansan. En cohete. Son brújulas. Son cuatro.

Los ríos en poemas primitivos

(de Akore)

Caen las estrellas si lo imaginas la piedra la fantasía el mañana del turbante es la puerta espesa del tesoro del deseo oscuro un grito un bostezo una bola de cristal. Con el cuenco del botijo en el vaivén de tus piernas de oro acuestas, el agua se va de los ríos buscando el mar, y el sexo como en polen esparce el milagro en placer y lo regala a las hojas, de un brío que consigue alimentar la hazaña del viaje, poeta, guitarra, flamenco, guirnalda.

El sutra del diamante viaja el agua al amanecer esculpe el agua de la vida, la brisa pequeña en ruído asombra cual verso iluminado. Y el sereno te traerá flores, se va del sueño en una estrella fugaz como del viento azul que bruma en la montaña, tarde que pide tu cuerpo que ansía la noche del alma que persigue tu luna a mí en deseo, y hay tanta belleza en la boca del que sueña. Te pintaré en verso y sobre la mañana correrán los animales y hermosa del cielo marinero en rima del arma en flor, como casida como amuleto azul como arbolito de la mañana, las palmeras y el limón en la azotea salivan, del himen del polvo amarillento.

En dos horas los planetas desesperan al azar del viento  presumiendo viviendo entre las piedras del camino observo los anillos reverdecer y en la boca que es luz resbalo sujeto a ti vivo soy pájaro soy cometa soy testigo del plazo que la serenidad ofrece al amor que circunda y que libre ama y el laurel duerme en la tarde como el artificio muere de amor porque la trama del relato gira sobre la piedra y sobre el crepúsculo y en el viento crecerá marrón oscuro el ombligo y el pubis azulado como la flor de un guerrero como la flecha que respira y aroma.

Atardece el ruído adormece los signos, el coro de la vida, la estrella polar tienta la mirada y en el patio menor el horizonte abre la puerta a mil voces. Vendrás, como el mirlo del mármol, como el arroz, al estómago, brizna del sur, jaiku enamorado del sol, tiza lunar, seda del espejo, árbol, saldré como sale el tímido violento sonido del amanecer, aljibe, hijo del limonero, al alba.

En el reloj del querer se acuesta el precipicio temprano, amada al alba la aurora luce con vino y avellanas, contigo acecha el borde de tu pecho en feliz sonido tras de sí, y luego el verano de tu cuerpo donde te bañas en brazos recuerdas y en la cuerda de la guitarra ronea el licor y todo sulfura y late y en el querer de tu boca y en tu pelo el clavel la sombra de los cuencos llamea en fantasía.

Nada el mar hacia donde nada el olvido, entre la muchedumbre esquiva el paraíso y en la estepa qué hay sino dolor, carretera,  motor, enganche. Fondeo entre los olivos líquidos y naufrago sin huracán ni terremoto y tu puerto me devuelve la memoria y el diamante del tesoro escondido descubre por sí solo y cantan los peces cuando estallan en el mar.

Porque sin llaves la esperanza devora la tarde y henchido de amor observo y corro el oasis de las mil fantasías como un lucero como una avispa, llévame al mar que naden mis pies descalzos y que naden o anden y que se sumerjan como tiovivo o como lucero de las dudas fieras que sienten la brisa y el tiempo, que siempre vuelven a enamorar, el lugar en que nací los luceros.

Volveré al mar como vuelve la ceniza.

Enamorado del lienzo abandonado aceite sahumerio almizcle sándalo tierra alucinada pendiente corazoncito del mediodía de ti buscando en los bares la luz de la noche y en temple pidiendo ayuda al jilguero al compás del instrumento que pasa al día junto a la luna de tu pelo.

Y la alegría aumentará, ríes en lucero lejanía la habitación de la vela oscura de la tarde luz azul clara del termómetro corazón amor  guirnalda instrumento. Deshuesa el viento, arremete contra el olvido, sueña el vaivén del columpio y se sumerge en el poema. Porque al ritmo como los pies bailan, tambor de otoño, sutra del corazón. Dibujo en tu pelo, con el dedo de tu saliva dibujo en tu piel, allí en la piel no en los ojos empieza nuestro amor, nuestro viento de besos, nuestro deseo de oxígeno, cual sexo macera nuestros labios la cicatriz ondea en tierra salvaje, y el sol la humedece, y la tierra ofrece su reposo al duende, su dulce descanso animal, su verso naranja de ideas apiladas en el seno de la montaña sagrada, silencio, canción, los ríos fluyen cristalizan en poemas primitivos.