Sueños de un ángel

(por Javier Navas)

Eran las siete de la mañana, y de nuevo volvía a sonar el maldito despertador. Pero esta vez parecía ser algo diferente. El perro de la vecina no ladraba como de costumbre, y el bullicio de la calle y el claxon de los coches tampoco se escuchaban.

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