Precipicio

(por Magdalena Biota)

Cada vez que la rueda gira
encuentra una vuelta de sed
atada a la experiencia del trago.

Voraz,
regresa la rueda una y otra vez
de la carcajada de temerarios dientes
a la profundidad del goce
al resuello del llanto
o el encuentro del canto.

Y ese manto de sed oscura,
de brújula oculta,
es el encanto del sapo,
la lluvia del llanto.

Y no soy quien respira a sorbos el aire;
es la sed, el espanto, esa huída.
Mesfístofeles fue igual de trágica.

Absurda zumba en espirales,
zumba sedienta de esa cuestión de
luna creciente llena menguante.

Nunca se basta.
Gira alrededor de su ombligo.
Se traga toda el agua vulgar
y no le alcanza.

Pasaporte a Xanadú

(por Magdalena Biota, 2008)

In Xanadu did Kubla Khan
A stately pleasure-dome decree:
Where Alph, the sacred river, ran
Through caverns measureless to man
Down to a sunless sea.
So twice five miles of fertile ground
With walls and towers were girdled round:
And there were gardens bright with sinuous rills,
Where blossomed many an incense-bearing tree;
And here were forests ancient as the hills,
Enfolding sunny spots of greenery.

Samuel Taylor Coleridge

Iba a dedicarte esta bitácora de viaje pensando que en el futuro querrías saber lo que hacías hoy y lo habrás (lo habré) olvidado. Podría intentar enumerar las ventajas y las desventajas de escribir. Las ventajas de no tener un lenguaje para recordar. El recordar lineal, conciente, frente a la ciudad que permanece dormida debajo del fuerte de Xanadú. Pero ya estarás aburrida de leyendas.

—No me aburren las leyendas. Me aburren las enumeraciones.

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