Con tinta sobre tu himen

(por Akore)

Y querían quedarse allí junto a los hombres lotófagos
Y comer siempre loto, olvidando el regreso a la patria.
(La Odisea)

Tótem. Entro. Dragón. Siete. Mares. Siete. Trece. Ríos. Van con sus flechas flechadas. Odas. Corriente. Espiral. Cambias de eje. Cambias pistones. Tierra seca. Tintinean laúdes sitares en jarcias atiesas porque la ajorca en pie el equilibrio eres tú la jena que es de tu pie & es flor, vibrante como el amor en la sinfonía vespertina de la champaka de fuego, magnética del mes la mano interior caliente muerdes mi palma & te unges & te hinchas como un globo preñado & de sangre te inflo. Te sacudes en mil flores & te transmutas en Polaris. Astro serás oh tú única o tú hechizo cósmico que en miríadas llegas, en circuito. En el disco chispeas & del aire sobre un torrente de semillas nadas, sobre nenúfares en fango igual que tú las espirales las bocas de los lotófagos & ardo en temperatura & en Venus te acuestas temprano & al sol tu clítoris ya termómetro, mercurio que evoca un halo de luz que despierta el sonido de la luna.

Relámpago. Plural. Miembros. Átomos. Huecos. Célula. Molécula. Mayúscula. Cenit. Te humedeces en hilos. En epidermis. Piel cáustica. Te ensartas & a compases llegas en consonancia con la vibración vas & vienes & en los vaivenes la libertad acaparas la vergüenza la tortuga te transformas en membrana del amor, en el cerezo íntimo & último de la vasija. Porque eres latido corteza & la voz & fango & pájaro & fuego: mezcla metafísica del cuenco, orificio, corteza de la química & caligrafía patria del cuerpo, su músculo & su sangre, su tatuaje. Arañamos el primer muro a los días umbrías paredes las vaginas en tus manos sisadas me recuerdan cuatro sílabas: cuatro sones que acaban en uno. En una espiral de octavas de sones que acarician & van desatando el interior de tu nombre & en tejidos reverberan los ecos que recuerdan a personas, a cuerdas, a olas.

Cierro los ojos & me tocas sin tocarme. Al ciego tocas. Siento en tu espalda el mandala de mi semen, el ayer. La luna en chorro. Tus óvulos atraen los mares & el himen de la luna es la musa compacta de la tela. Hilas el viento hilvanas el collar de la paloma. Tiara en flor ya & eres, yantra & espiral que llegas en la alfombra del mantra & abrazas el mecanismo que se lanza en sol a ti, porque eres tú del espejismo el espejo & en tus senos hay una puerta que da embestidas con una claridad traslúcida tras la cual el arbusto mecido en viento vienes, & con tus manos en mis dedos en mí aprietas tus piernas dulces de la trampa: comedia o drama que violenta la compasión con la que el arco fluye como un pene sediento: que moja. & tú confluyes conmigo en la sustancia del conmigo & eres todo, sol, cosmos, crica, la espiral que absorbe. & te rebusco por ser & por ser en ti & en mí los pronombres del contigo, & ya no buscarte sino en el yo, en la felicidad del yo el combate feliz e ilusorio de los días del pronombre, de lo eterno, ser en ti memoria pasajera la biografía de la infancia. De la identidad del contigo se averiguan los astros, la piedra filosofal brota siendo día siendo día siendo cometa, siendo noche siendo piedra, texto angular serás, ya como el pronombre al final del día, el primer verbo.

La inscripción habita en el cuerpo. Recorre la hoja. Se inscribe allá: en ese lugar que es un no lugar. La tinta fluye, la identidad de la tinta recorre, vuelve a correr. La tinta & los versos son ya nombre de la hierba fresca, la oscura corriente cerúlea de la cuerda & la piel & la hormona, humedad de mimbre & trenza & cuerda; metalenguaje del primer pigmento. Signos de tierra. Victorias. La vida escribe a intervalos & a destiempo. Los tiempos oscurecen feroces & sobre & desde la bestial materia se descubre el cielo por los codos de los cielos. En el crepitar de las yemas auroras. En el aire los meteoros en circunstancias respiran destinos pendientes de la siempreviva, superviviente última, círculo de la memoria, terreno enamorado, sacro e insoluble e inhabitable en sí mismo: bola de barro que al fin gira en el viaje astral del eje mientras rodamos & giramos en centros infinitos que salen de un bosque de ramas. Mientras, alivias el hueco.

Exhalas el mandala y en el cuerpo eres libélula & liberas la tierra. En mí te embarcas. Con los brazos en flor traspasas. Allá donde la piel es ya piel van los motores como símbolos en alientos de bujías que elevan significados, significantes que incomunican, allá donde las ruedas salvan, los cuerpos interpretas tú en código, en sintaxis. Porque todo es metalenguaje de nuestra lengua propia. Después las manos vivirán en cuevas. Las ranuras en los pliegues de los dedos remarán las arrugas, santas aguas anegadas en el inframundo de la tierra. Habitas credos fecundos & te encoges en tus ranuras, en tus pliegues. Pliegues donde el calor fecunda al fuego, al agua, al deleite de la fraternidad de la tormenta salvaje de la fundida vasija. Diluvios.

En la tierra un día fuiste esperma & óvulo: unidad de la materia sagrada, principio & final & todo.

Licuarás en árbol. En helio. En barro. Las huellas son improntas del oxígeno. Señales, marcas. Corteza de los árboles líquidos. Aún negro sobre luz. Negro de nuevo. Los pigmentos brillan en nosotros. Son la experiencia, el piélago, un bastión de sirenas silvestres & algodón arcano de la tinta oriental, núcleos que huellan en el antifaz de la luz, marcas que al son de las horas son conchas de semillas los sentidos. & en el mar serás agosto, mágico olfato, recogerás los días de la insignificancia & tu amor salpicando los cuerpos descifrando los cuerpos en cifras, enigmas, movimientos de pieles que desnudan, que amarran los tejidos en el pie de la mar de los labios cual primer sorbo de ternura, de infancia. Te descompones & en planeta comienzas a hablar y en colmenar acabas, en la alegoría del texto, en mito. Los corazones son escritos de la memoria, el humo planea hilvanando los lapsos mientras tú esquivas & progresas hacia la rueda, alquimia en la que se entrelazan los círculos sacros, los injertos, los trozos, los retales. Del más allá injertos que en cronos serán cuerdas: taconear del sonido nuestro, la antigüedad más antigua, la más sabia, la rueda de los cuencos en el movimiento eterno en el sonido el corazón entra, porque es latido es ayer & es hoy. & vibro.

Viajes líquidos. Soles. El ojo ilumina en tu centro & donde vive la celebración celebras. Retozamos & tu vulva sobre mí ya tierra. Viene como un mordisco el pene erecto y un arco de sangre teje la sangre, que es de ti. & danzas en la tribal danza. & vencerás sobre el ojo de tigre, te anticiparás a los triunfos: comienzo de la piel & tambor, bombearás la sangre en la expresión de la clave mágica. El contexto es un sucedáneo del símbolo. Tu cuerpo es movedizo, como el biombo & la señal de un cuerpo denso, un denso deseo místico: agitación íntima & última de los surcos, de los charcos.

Te impones al orgasmo líquido absorbiendo, tirando de la serpiente me vas ayudando. Con el tacto aún caliente & el sexo como una piedra entro & me recibes. Con tinta sobre tu propio himen escribo, porque desde el principio todo es blanco & de tu piel la oración de la onda das tres pasos & me esperas en el día santo del árbol, en la higuera amaneciendo & sobre ti misma nazco, cantas, brevas, madurez allá la mácula & púrpura & en nombre en enjambre blanco el papel eres: juego rojo singular & final & puzle: sino del atrio, que en la selva el juego rumorea ser principio, fluxus, cíclico. & la libación es la entrada de la llaga inofensiva. Sabores escritos en los palacios de los textos: la piel fina, la tela fina, tinta & fuente & ojo & cuerpo, todavía & crezco.

Viene el licor blanco & débilmente se disuelve en aroma en polar tragaluz. Da a tu hombro & un acorde de jazz se disuelve & me acurruca, tus pies en lo alto de mi boca tu nombre es lo que a tu nombre das: un número, un antojo que abre la puerta de atrás & las moléculas derrites & derribas los surtidores que barnizan, & sueltas algo en el bosque. Betunes. Aceites sahumerios. Átomos esferas que encienden el salvoconducto subterráneo del empuje. Empuje. Empujas. Te empujo. En la selva secreción flujo olores a rama insectos frutos mejunjes. Jadeas vibrante e inhalo esas frecuencias, esas corrientes oh voces mundanas sobre tu ciclo de luz & tierras, cuando membranas bufen las palabras los espasmos los planos del sol los vientos del sol en tu plexo vibrará la dimensión nueva, la peripecia fresca & respiras el piropo & lo haces tuyo. En el bicho del templo en el perímetro del bicho resoplas. Suspiramos dentro una & otra vez & otra vez la luna en la espalda sobre mi cuerpo tu espalda tu cuerpo asoma sin asomarse, a las ventanas que dan a las puertas sagradas de la sangre.

Instante. Cálido. Tú hueles. A bocanada de humo. En orificio desbocas & me conduces a la entrada de tu hueco quimérico, condensado, sacro, viscoso, aceitado. Vacío & lleno. Almizclas el éter. En monte palpitas. El primitivo de mi corazón primitivo se acelera. Desconciertas & en exploración la intensidad en lo terrestre mueves. Inseguro de mí aún. Sangro. Destruyo. Dentro pinto & muros & caen las estrellas & en coralinas los matorrales me doy un baño. Allí me libero del ojo, del yo tercero. Te abanico & estás densa, cuentas chistes & protestas, ríes, lloras, los pezones guerreros te bailan & el globo de la memoria en mi boca de menta prendes. Insuperable, a la sazón de la cueva me hablas otra vez en clave, en transpiración, en clave. Detonas & el amor en la piel te aletarga rasgueas & ofreces un dueto un cante & en duende en amor explosionas de nuevo en los códigos la piel: nosotros seremos el regalo íntimo de la señal, la simiente & tú devolviendo en circuito el flujo: muerte próxima que no es muerte, que es un dormir sobre la vida en ondas, en ondas & en sobresalto. Eres tú. Tú tejes. Me violentas & en placer eres, en ti el óvulo cambiante que trasmuta el misterio, atajo camino & clímax, enigma que en la saliva adormece la energía, la entrega & la vuelve azul de aura & camino.

Me veo inmerso. Clavo la espada en señal de victoria. En el crepitar del vuelo eres tú quien vence ensalivando la corona, & me vacías. Los espermatozoides son monjes ya vencidos, guerreros dañados al fin por el amor & la luz que fue, dardo del espejo, del cordel, del remolino, del ovillo, pavesa alada del guiso, guirnalda de la fruta. Los sentidos siguen su camino. Vuelven. Aterrizan en el arrecife mientras respiras. Despacio jadeas al son de los vientos y tus tuyos son mis míos, mares & ríos son en sones & salimos: Viajes. En ti suda la aurora & sobre la amapola cae el Bóreas, & llega el boreal crepúsculo, el sueño del tambor tardío, el sueño eterno. Vendrán los cuerpos al final vestidos. Al principio. La piel antigua es la piel que atraca en los versos, el cambio respira en el alma, siempre victorioso & aprendiz del verso eterno.

El amor se inscribe en el enclave del verso. Es la piel más abierta, la más antigua. La herida más antigua quizás. La materia de los poros por donde los astros son siempre signos del cambio, la otra gravedad ingenua & las paredes lóbregas & al grito del papiro & corte & pergamino que la tarde eres, estruendo que concibes tras las letras, tras los glifos, & en trazas descoses. La punta del meñique apunta. Cabeceas en extremos en mil bocas siderales en senos fláccidos del más allá las tardes se disuelven en tu vulva.

& el viento a la espuma vierte en tu boca & das un giro de tres cientos sesenta & cinco grados. Mi boca se asoma a los labios, & tus ladrillos almendrados en el astrolabio físico mientras miras & con los dedos antojas ya la otra puerta & el himen nuevo. Allá me escribiré o me inscribiré yo, biografía & autobiografía del solitario. Diario del solitario al fin, texto negro siempre, texto negro azulino sobre luz blanca, cicatriz o herida que en repliegue pegadizo se entrega al ojo, a la llaga, a la luz que versa la negra tinta oscura sobre la luz clara que es verdad & toda & magia, todo verbo, toda tú oras, galaxia polar que extasías en mí, voz. Saldrás tú en voz, aliento último & primer suspiro. Sonido & eco & voz & tal vez llama. Eco. En el estallar primero en el sonido permanecerás. En símbolos. En la imagen de los textos ya flor ya oro, ya libre & en reverberación amor flechas sin cuerpo aún recibo, flechas que disparen en la eternidad dorada del fuego, en tierra, en fango, en texto, en cuerpo, en materia, en la eternidad dorada del fuego.

Wiracocha

(por Magdalena Biota)

 (del libro Personas, Ediciones Croupier)

El loco era un gringo que descendía de un cacique y una inglesa.
“Conciencia testigo del mito borgeano”, le digo.
“Vivimos en Macondo”, contesta,
confundiendo literaturas nacionales.

Mientras mi hija y la suya dan sentido al tiempo:
trepan las raíces del algarrobo que junta años,
imperturbable, en la plaza, frente a la capilla de adobe.
La hija del gringo se llama Lulú.
Tiene dos perros.
Uno, el Chapita.
El otro es marrón chocolate,
y ostenta un pelaje enmarañado, de llama lanera.

“En Tucumán no se puede vivir”, me dice el gringo.
Lo escucho con perplejidad y cierto vacío,
del tipo de vacíos que dan la necesidad de escribir.
Pienso en los ojos marrones de caña de azúcar de los tucumanos,
en las empanadas y la comida especiada,
en Buenos Aires y el Conurbano.
Una vez cruzando el Riachuelo
vi el basural robustecido por un manto de vegetación
y la ciudad se me volvió idéntica a las imágenes de la costa
que impactaron a los colonizadores en el siglo XVI.

En la esquina tres borrachos se amontonan.
Chupan en silencio, sonriendo.
De pronto una coyita
con sus faldones, medias de nylon, zapatillas, un sombrero,
y sin caja para la copla,
va al rincón donde se reúnen,
adobados, los borrachos
y se lleva zumbando a uno,
directo para las casas.

Es julio y del cerro se evaporan las emanaciones del atardecer.
Las nenas dibujan en el suelo de la plaza.
En el polvo de arcilla dibujan dos escenas.

Una dibuja una mesa de bar:
dos tazas de té humean junto a un florero
y dos mujeres parecen conversar.
El sol ilumina el cielo.
“¿Dónde es eso?”, pregunto.
“Es Champs Elises, mamá”, contesta
olvidando el Llullaillaco,
con un lunar dibujado cerca del labio, a lo Marilyn.
A pesar del miedo
había visto los documentales de la expedición,
había escuchado las explicaciones del forense,
del arqueólogo,
del geólogo.
Como en la plegaria,
la certeza era que caminaría,
no sólo con ushultas,
sino también con la fuerza de sus pies,
a contemplar lo que le había dejado el tiempo:
el sol, el rayo.
“Con ese lunar no podés tenerle miedo a nada, pibita”.
Pero sus cinco años no la dejaban convencerse.
Y me había dicho con ojos llorosos:
“No me quiero morir, mamá”.
Y lo único que la animó fue que le abriera un cuaderno de secretos.
“Tomá”, le dije, pensando en la coplerita
que le pide a la tierra que no se la trague
porque es chiquita y todavía tiene que dejar semilla.
“Escribí”.
Y en letras de imprenta mayúscula había escrito su miedo.

“¿Y vos qué dibujaste, Lulú?”, pregunta el gringo.
“Las palmeras de Miami”.

Despedida

(por Akore)

Pues el cuerpo es como una patria interna
del cual ningún pedazo puede ser quitado
sin exiliarnos cada vez
un poco de alma.
(Antonin Artaud)

Rayo de aguamiel escapo con la rapidez del meteorito lanzo el líquido y en presencia me escondo en tu piedrecita salada. En la brisa profunda observo y medito y me oculto en el relámpago del tiempo. En tu piedrecita bailo con mi último rayo y en la amalgama de mis golpes sonoros con los soles de mi tambor en la sinestesia resueno y en el hilo, llegando a percibir el aro del cielo y la sinestesia de los astros en la elipsis del son la luz nace. Fragmentamos las células oxidadas de tu piedrecita lunar, y ahí, en lo oculto humeo y te hechizo, y en el fondo hay algo, y rastreo y en la piedrecita del barro me uno en el brotar de la carne y salgo a la fuente en resonancia con los elefantes y los rinocerontes que se disuelven como flores como campanillas latentes y elementos & matiz & en cuatro o cinco transitan como columpios son membranas del átomo & un jazz de cruce de caminos que se disuelve por un barrizal de músculos y estrellas. Brincan las esencias que articulan ya las zambras y en barnices figuran sus formas fugaces resplandeciendo en una suerte de pájaros transitorios que eluden las escuelas del espacio y del viento y los vuelos los instintos son vuelos son instintos que eluden los instintos y la epidermis del charco son, y a veces salpican de barro, de nuevo y eres también tú y veces. Pero querías ser yo & mi hombro & eres ya una de ellos, y en las sombras eres tú, no de ellos sino de ti poco a poco vas desapareciendo, agonizando. Y vivo y me escapo y esquivas el azar tejiendo cuerdas, vaginas, zigotos, y cuerdas, el fuego te aparta por completo y el viento te ahoga. Y de nosotros el pronombre es juego y el nombre cuerpo que en templo es instinto, amor fuimos nosotros, y ya no somos ni el yambo, ni el jazz ni el colibrí ni el jaikú ni el lienzo. Mi lienzo se asemeja al desnudo / recuerdas? / al origen del pájaro, el jaikú, es tiza, también es una forma alegórica, figura que muere en la metáfora, en el proverbio en el río de la boca en el discurso de los tiempos que traen materia & forma & olvido & en el universo brota un verso que ya no une ni tu vulva ni tu tren conmigo. Tres líneas me bastan tres atardeceres me bastan, escribir o pintar tres líneas me bastan. Un jaikú. Tres trazos para romperte a través del verbo y del tiempo y el pincel y mi rayo y mi verso te acaban, te atraviesan, y tú, en el lienzo herida quedas, ya herida tuya, incurable, para siempre. Mi centro en cambio reposa. Osa y transforma. Y me devoro y de nuevo tú te vas lentamente en la herida que eres tú al final y llaga. Frenesí y herida eres y solamente deseas, al final de tus días renacerás en lo puro y aprendiz de todo y no tienes ni hogar ni patria ni los orgasmos esenciales & lo mío la galaxia sideral de las estrellas vibrantes que me atraviesan brillantes en cosmos, en Uróboros. Y no tienes lo esencial, ni el ser siquiera ni los espejos quebrados son ya tuyos, el abrazo incómodo es tu piel ya para siempre, cada nuevo día la herida en ti nombras y el hechizo es ya el trapecio tuyo, un buque que va a la deriva del que no te salvará mas que la luz de mi astrolabio que es la luz del todo / laboratorio & alquimia / y retrocedes mil años mil siglos y sola ardes sin memoria, ardes sin consciencia, sin amor, perdida, sin patria, sin luz, sin gas. Vagas en las sombras en la pena de la eterna oscuridad, por la oscura eternidad caminas, de hoy en hoy, sin la luz brillante, te nombro hoy y perdida en las tinieblas en la pena sin luz caminas, sin rostro ya vagas por el infinito.

Mi no yo

(por Pako Aristi)

(publicado originalmente en La Microbiblioteca)

De golpe siento que dentro de mí nace otro alguien que no soy yo; abre sus ojos y envuelve mi mirada en su mirada.

Hay tardes, por ejemplo, en las que lo descubro encendiendo un cigarrillo, como fatigado de haber llorado mucho. Si bien, yo no fumo, y llorar, pues…, la verdad, lo que se dice llorar…

Yo, cuando sé que va a volver, planeo madrugar, abrir una botella de vino y adelantarme a sus pretensiones. Es de los que nunca quiere irse, pero empiezo a despegarme de su presencia a tragos, y lo veo desaparecer lentamente por entre las sombras de mi consciencia.

No siempre bebo, pero creo que, muchas veces, lo hago por él.

Bingo

(por Bravecoast)

Cuando ella se retrasa aún me excito más. Acecho en la esquina matando el tiempo, imaginando como vestirá. Ojalá lleve la camiseta ceñida de Metallica. Pagaría tres meses de alquiler por introducir mis manos para apretar aquellas tetas, sintiéndolas suaves y calientes mientras oigo sus suspiros. La imagino con shorts descubirendo sus piernas… como sujetaría su trasero para besarla con la sed de un beduino.

Ya sale de la parada de Jaume I. Cómo me alegro de no haber acertado. Hoy lleva la camisa de manga corta, pero con un detalle que me quitará el hipo de por vida. Los botones de arriba los lleva desabrochados, mostrando un escote que el sujetador no puede obviar. La minifalda relega al olvido aquellos shorts y me abre la puerta a un universo de posibilidades. Levantarla, quitársela firmemente, meterle mano por debajo, que ella misma me muestre sus secretos… Aún le doy vueltas cuando ambos nos acercamos a la parada de bicicletas.

-Hola, quina casualitat…
-I una merda.

Me quedo de piedra pero veo que al decirlo me mira a los ojos, con una sonrisa que consumiría en fuego al mismísimo diablo.

-Amb aquesta ja son dues setmanes de casualitats. Ara es hora de jugar.

Cuando sube en la bici compruebo como su trasero encaja en el sillín como el zapato de cristal en el pie de la Cenicienta.

-Vaig cap a la Barceloneta. Tens aquest recorregut per agafar-me.

Deja de mirarme para ponerse unas gafas de sol.

-Si ho fas… Bingo.

Arranco literalmente la bici de su soporte y la monto como si fuera un indio cargando contra el General Custer. Por suerte no hay mucho turista por la Catedral del Mar, lo que no evita que algún camarero esté a punto de perder alguna caña por el camino. Mientras pedaleamos a toda hostia no dejo de oír sus carcajadas y eso me llena aún más de deseo. No puedo ir más cachondo. Y así, a pesar de su ventaja inicial, ya era prácticamente mía en la Ronda Litoral.

Pero Barcelona es paraíso de skaters.

Aquel gilipollas que se creía Tony Hawk y yo aún seguíamos magullados el suelo cuando ella se me acercó.

-Potser demà tindràs mes sort jejeje!

Pero mi atención solo se dirige a lo que veo debajo de su falda. O mejor decir a lo que no veo puesto.

-Joder con las barcelonesas… Mañana vengo en moto!