Piel cósmica

(por Akore)

Tus pies en ónfalo. Óvulos. Cual milagro. Cual nudo deshojado. Frente a frente desnudo lo que tu boca besa. Beso la frente que en tus pies orea. Vals de la pierna oscura. Pubis caliente. Trenzado en tus pies, en medio de tus nalgas duermo. Tus dientes en diamante anudo. Semen que disparo contra tu boca cuando asoma alquimia vibrante y terremoto líquido.
Nochecita numen. Recorro la ranura de tu espalda en túnel junto a tu verso. Y tu clítoris ya dora en perfecto abrazo rozando mi piel junto al deseo mío. Mis pies tocan tu frente o la arden. La clave será verso, en sicomoro ahoga. Dilata tu ombligo un trocito de cartón submarino. Piedrecita. Aire lunar, mar angostado desliza. El cubilete desliza los dados en la noche. Mis dedos son el oxígeno del mar fecundos. Pestañean en loor. Corriendo al cofre, aire lunar el mar nombrado. Tu espalda, ciempiés que corre, laberinto.

Ola que en mi pecho fluye señalando los latidos en la nieve. Tu mirar se fue, tu pie se fue, tu cuerpo se fue y emboscada fui desnudo y ya en la alcoba yo quedaba fuera, descalzo, sumido en el deambular del párpado. Tus pechos me partían y yo me deshacía en tu cuerpo. Sin existir. Porque no puedo hacer frente al paso del tiempo en tu vagina. En reyerta angelical herido. Mi corazón mis pies contigo al filo del laberinto, elixir de rincones vaporosos, de payasos delicados que en corazón vuelcan, porque en tu camisón de aromas escapas, y mi alma se ve reflejada y no te espera ni te goza porque en el exterior del interior del dios en tu perfil de volcán en tu vagina húmeda penetro yo. Porque perforo. Tu piedrecita húmeda. Tu madrugada de viento crepuscular la toco. Verde ocre en la habitación roja masturbas. Astuta. Como un lazo como un azul marino atardecido, como un cerco como una arroba como un pez que en tu boca arrimas. Vi tus bártulos en la habitación del otro, la emboscada, el labio mío recorrió con sangre mía el pene, el goteo del sueño en los labios de tu boca mis labios penetrando en tu boca como zumo de chocolate en filo, sentimiento mío el geranio, la puerta del olvido descompuesto en sueño trompetea. Salvavidas. Acordeón. Mi corazón sigue combatiendo. La habitación. Cuerdas. Aquí sobre mi brazo acuestas.

Mi corazón ya en plena calle buscando una cara buscando un saco de dormir. Buscando a quien partir el sueño de un martes. Mis piernas baten récords peleando a la contra. En aljibe la tu almohada. Tu pecho renombro. La respiración en silencio mío y mis pies colgando del balcón de tu vals en cascada. Entre tú y yo nomás la veleta del recuerdo encendida en el mañana hecha jirón. Prende rojo arde el pecho los porosos posos del café alumbran mientras una cama aprieta la memoria… y vendrán los pies vendrá la magia y el símbolo en ranura agarrando este pulso que ya es tuyo. Luna partida. Dueña de los transeúntes. La calle es blanca y la trama del árbol la mañana bombea advierte al oráculo.

Oh alba. Oh musa. Oh diosa de los dedos de rosa. Oh náyade. Mis pies descalzos anclan. Bucean en remolino. Ni atan. Ni desatan. Avivan los silbidos de un tren que tu pubis ónfalo en memoria desliza, una cicatriz que olvidas porque la estación de mi frente en tu frente frenando para, como un tren viejo. Prenden los hilos de mi semen aún en la noche estrellada de tu telar. Lejos. La frente deseo. Las pieles cósmicas. Con pétalos en los rincones. El rincón del hilo del telar en tu mano derecha marchita. Saliva tu muñeca. Tu muñeca una mano acaba en mi viento. En mi pene tu muñeca. El pie me mira y de nuevo todo pasa tan deprisa que nado, siempre nado acabando porque nos queda el verano el manantial tras la ceniza en la llama. Mis pies van descalzos por la vida. Son como los ángeles. Mis pies son en la frente el manantial, la fuente. Mis pies si caudal, si madrigal, el río que tu vagina rosa. Mis pies ensartan. Son versos que se escriben en el espejo del aire. Los tuyos versos, frente a frente afrentan, bailando un sonido que es. Son el dios de la estrella. Son estrella. Oh hermana frugal. Oh superficie distraída por la memoria. Oh línea. Líneas hermanas, las mis manos. La vela caliente, el incienso luna, el desierto. Con un grano de arena, grana dura. No habrá más que en el cielo boscoso alguien, alguien que arda en tu ombligo conmigo. En tu corazón. En tu estación primera.

La habitación despierta y no estás. Ya tus pies en mi frente no recorren el mediodía. Ni el yogur. Ni nadie. Ningún nombre. Ni el cepillo de dientes. Ni la locura. Ni nada ni nadie. Ni el enjambre de erizos. No hay quien comprima el tubo. No hay quien ase la sartén. No hay quien se beba de un trago el detergente que limpia la sangre. La luna viene por los caminos. Alumbra los números. Las constelaciones alumbran. Los pies conocen el paso de la migaja pequeña que les une. Mi madriguera con tu madriguera puente. Soñarás en azul. Porque el día y la noche sueñan en azul. En Azules. En negros. En blancos. En caramelos sueñan. Como una mirada. Y no habrá quien los detenga. Nadie detrás de mí, después de la luna, tras mi destino no habrá nadie detrás del puente. Nada. Ni cambios. Ni cuerda, ni madera, ni herida, ni centro. Ni nada ni nadie. Al compás. Como una flor de loto agarras.

Cuatro. Cuatro las estaciones. Veintisiete planetas infinitas órbitas definitivas galaxias. Vías lácteas. Constelaciones. Cuatro. Cuatro. El oráculo en serpiente délfica escuchas. Tocas. El rincón ahoga. La tiza anuda. El alma lo sabe lo todo. Todo. Ajena a la nada. Que tú fabricas los colores en la oscuridad del sueño. Entonces la cuerda baila al son del caramelo y la brújula en deseo te encuentra en el terrón de azúcar bajo la almohada y en sisa la libertad el murmullo. El miedo danza bajo la bolsa de plástico que es tu oído. Marcando al son del corazón. Sentido, sentido, sentido.

Suelta el poema un bramido, un himno que es la fuente. Los pies en barro al estallar el tiempo. La vida no es más que una vela con forma que iza. Que iza un pie desnudo que señala en plural los caminos, los planetas, los cambios, las danzas, la señal, las señales, de otro, los otros. Los cuatro elementos cósmicos. Oh destino, el amor es un mago que toca el tambor y a los signos avanza, los signos del sueño hacia el enigma de tu ombligo esconden hazañas brújulas símbolos tatuajes señales marcas heridas cicatrices ombligos cordones lazos.

Recuerda el tatuaje. Un verso escrito por ti que mi piel vomita. Tatuado en mí en piel, a ese verso me aboco, ya en forma de pasamanos o de sobremesa. En contorno. En dulces sueños formas. Remotas formas. Como el valiente velero que iza. Como el tsunami palatino. Que en garganta frotas la oclusiva. En ti en oro. En ti. En aroma. En ti en ónfalo sagrada vagina. Tu espacio lunar, tu centro el universo porque tu pelo prendido enciendo. Al mar dialogando vuelvo. En cohete. Brújulas.

Nube. Paraíso. Cabezal perdido. Ni prenda ni almanaque que el cielo contenga. Mis pies salvan tus besos de azafrán la mañana la golondrina el ruido alcanza los pies, la memoria, descalzos, arma, bala, reposo, columna, y el corazón, es el llanto umbilical del cometa. Cometa encendido, que el eros los ecos cristalinos acoda. Porque escapan. En el sentimiento del verso escapan en piel cósmica. Son cuatro. Encendidos. Pies descalzos. Tu frente. La frente. Descansan. En cohete. Son brújulas. Son cuatro.

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