Riña del pacará y la sierra

(por Magdalena Biota)

Veo pasar la selva
Por el aserradero
Dicen que por lo menos
Y mal que mal me contento
El viento absorbe las ramas

Ojos de liebre aturdida de cara a la luz

Timbó-piutá, pacará, oreja de negro

A lo mejor Manuel
Allá nos vaya bien

El silencio es memoria
Cincela la canción
El tiempo y la selva
Pasan por la sierra

Vemos deshacerse en la sierra
Del amansadero
Los sueños, las ramas, los campos
Abrumados y por lo menos
El tronzador zumba reñido
En la madera del timbó

Timbó-piutá, pacará, oreja de negro

Vamos a meterle Perú
Cortala con tanto sebo

Que la lluvia se trague a sorbos
Este río de voz y madera

Madera comiendo los dientes
Los dientes gastando la madera

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Evocación de lo que pierdo & recupero entre bolsillo & bolsillo

(por Akore)

Cuando pienso en el misterio de la noche,
imagino el misterio de tu cuerpo,
que es sólo una manera de ser de la noche.

(Jaime Sáenz)

Evoca el mar lo que la prístina luz. de luna
pellizca
refuerza
& el saxo alto
con su alta cola, nebulosa metrópoli:
evoca, magia:
/ pintores nimbados / de barro.
& susurras el jazzzzz
baterista que vigila
trompeta que se zambulle por el transitar del consuelo
al frío, floración de colchón que en párpado mira, hacia los niños.
/ Madre,
qué máquina de escribir acabará con el sonido desdibujado
& frívolo de las calles
& teñidos & vencidos
tierras de la plaza errante
zumbamos frente al
tuétano & la computadora
/ radio, cúbito, página /
cosmología del agua,
indicativo, presente, señal de tráfico
espejismo & entelequia del atlas
pieza primaria de las piedras.
/ Vendrá el poeta con su suite de trópico & llegará como llegan los alivios
en clave de tropa desjuiciada
en clave de bolero
o de arrabal que abrace bien
como un tropos
pasión que nos remonte al ático de la piel
que retuerza los visos de la molécula
célula que desintegre tu vientre pulido
& agarre lo hermoso & delirante
aspavientos de una luz.
/ Cuerpo.
formas, fotos pensantes que me lleven a tu nido
penetrante / ardid / espíritu
órganos que recorrer por el arrabal
de los vértices que devoran la mano.
/ Sabedora. mordedora.
suave. la noche,
la noche
suave, es la noche.
/ La noche es suave & la noche nos enferma
& rizos, vaivenes,
el libro acurrucado se levanta
& sin embargo,
refrescas la orilla de la dádiva.
/ Si te dijera Hamor mío,
elehgía cálida.
/ Hinmensa.
Tu seno desnudho.
Resucita en párpadho.
Qué armonhía de fauces
La soledad no esthá aquí
Tu monte de Vhenus esconde lah solehdad,
& salhe
Se desvhiste
Te levahnta.
/ Al fin hunidos por la rueda & el hilo.

Magda, fenómeno freak

(por Magdalena Biota)

A Magda la llevo de las narices.

No es una inspirada. Más bien parece pirada. Siempre le duele la tripa de no sabérsela lunga. La sabe corta. Se corta sola. Y no se encuentra. Sin embargo, estaba contenta, subiendo peldaños en una escalera de lluvia.

Subió y de tan cansada quedó despierta. Y le surgieron dos o tres cuestiones con el tiempo. La tripa le seguía doliendo y tenía hambre de besos.

A Magda su papá siempre le decía fenómeno, y Magda se sentía muy bien, especial con su epíteto esdrújulo. Pero después vio que un fenómeno es algo exótico, que también es esdrújulo, especie de lo raro. Y de tan rara, pasó a ser freak, pero lo freak le asusta, y quiso perder lo freak y volverse arista. O loca. Con una insanidad toda desnuda, de esas que la volverían inimputable. Inimputable para amar hasta la demencia.

Entonces le mostré la escalera de lluvia y le resultó un hallazgo, una sorpresa. Una locura. Pero Magda tiene miedo. Y por eso yo la asusto mostrándole toda la magdasidad que sube detrás de las pupilas.

Magda no quiere que la aten cuanto se encuentra tête à tête con la magdasidad. Quiere la caricia de un océano de miradas de sal. Magda espera ser amada. Le duele cuando la desatan.

Ésa es la tragicomedia de Magda. Y es ahí donde entro yo. Porque a mí no me duele. A mí me hace gracia: Magda quiere ver, pero es chicata. Y yo le muestro primero la escalera de peldaños de gotas de lluvia, frescas y alegres. Sube y le muestro la altura del océano, profundidades oscuras. Ramas del recuerdo; ramas del olvido, las hojas sorbidas por la tristeza de la existencia, resina en el dolor, dicha en la savia.

Y el vacío de la luna lo chupa todo en un espiral hacia abajo, hacia lo grave, lo grávido, lo oscuro, la tierra.

Magda quisiera ser grande. Grande como lombriz. Oxigenar de cielo la tierra. Pero Magda es Magda. Pequeña, pequeñísima Magda.

Ecos

(por Akore)

La poesía entra en el sueño
como un buzo en un lago.

Roberto Bolaño

 

punzante & eléctrico / el pezón / que existe en la braga / bajar tu palabra tropical / cuerpo prometeico / gimoteos / líquidos & voces duchadas / sobre un océano mentolado. / soplos largos que tracen / muslos caricias en zigzag que incendien / & acaben en timbres / en ardides / en el entreacto del abrazo vibrante / en el tacto lunar del lazo de la entelequia. / dedo que abre & vuelca la esencia de la vulva / ni tuya ni mía / oscilante de la vida de nuestras pieles / contrarias. / en los cometas mixtos / del ala & la trenza / apuntas al himno / & sacudes lo mío / mi señal íntima / espejo de desnudos que vienen en vientres / como un timbal que seca la piel & la tensa / en función, en silencio / en nuestras células impeles. /

por las calles / minotauros & querubes / vagando / germinando en tu pubis / & el daimon / jazz en arco al son desde el que navegan los aros a modo de swing / besas los cuerpos ya blancos de la sombra / que se esparcen cual harem matutino entre los dedos. / los tus pechos / en nave oriunda huyen / de valores / de juicios / de leyes. / & los círculos de las orquídeas / que alimentan & ahuyentan a los mortales / reviven en el arte obstinado de la veleta. / mientras, el cuello aprieta el collar / danza la tesis / la antítesis / entre el colmenar de la raja bailas / & la aurora tupida de la noche el día / indaga en tu boca / niña & aura / de dientes que acarician el líquido espeso & lo enardecen. /

& tú / lengua & madre / dueña tú de tus nombres / sílabas cautivas visiones / paladares / tambores / arcas áulicas de la estela arrollada / tus senos se cubren de huellas, de cuerdas / recuerdas? / tus mimos zarcos pasan de nuevo a través del corazón / disfrazan la prudencia / que vive más allá / en la pintura / en el metacuadro / nuestra mezcla infantil & perfecta / del entreacto de la membrana que exhibe la tela hacia la tez / piel / pieza / piel oriunda en cejas que se estrellan contra el aire / & Ouróboros / destino cilíndrico / reflejo del reflejo / íntimo del reflejo que te guía & me desteje / cual Penélope que cose del revés / trepando por el amor del lienzo / hiedra misteriosa forma la del agua / laberinto & soma / espiral / viaje & balancín / música de fondo reverbera. /

serás sexo / & tus cuadros mis cuadros / agarro & despojo / asesino maestro adoro los sublimo / los pergeño / los injurio / porque lo dual también me pertenece / me lleva a los días / & tú conduces la noche / & en el adiós el vaivén se impone / el adiós / tu espalda boca / membrana / lengua / flor de oro & barro / impone la yema que te inunda / & anuncias el sentido / el sabor / como un meteorito exhalando / siete días / verbos de Circe / & desciendes & al amor extrañas / refugiados los hálitos en tu profundo roce / miembros / albores saturados / lo de adentro / efímero como el amanecer de la roca tuya / anhelo & verdad / emanación del hueco fresco que enrojece / en tramo sutil acabas / en eternos líquidos / líquidos infiltrados en la cópula / paréntesis del día / otredad / cosidad / la unidad / única / salida sacrificio de la membrana / adiós también / cicatriz que encuentra en el frío la ofrenda de la hormona / que tiembla / vibra / & nada en el vacío / unidad que interpola el sonido íntimo de la luz & sorprende en ecos / en caos / en sol / luna / versos & sones / la luz del todo.

Oscar, tan callando

(por Magdalena Biota)

No era Oscar Wilde,
pero era Oscar de Wilde,
del barrio suburbano,
al sur de la ciudad.

Y cuando lo recuerdo,
alguien me susurra
amorosa y burlonamente:
Here comes his Majesty, the King”.

Quejumbroso.
Borracho.
Fumador empedernido.
Seductor.
Con una cédula de identidad
con todas las de la ley
y otra con las de su propia ley,
que decía: “Estado civil: soltero”.
Lleno de miedo a la muerte,
a la enfermedad,
a la separación,
con una gran astucia
o simple inconsciencia,
y esa antena que lo hacía parecer psíquico.
Dos días antes de morirse,
le dijo a un cliente:
“En dos días, me muero”.

Así era mi viejo,
his Majesty, the King.

Nostálgico,
había consagrado dos espacios:
la infancia y la adolescencia.
Cada uno regido
por una divinidad femenina
a la que veneraba.
La primera novia
(que lo había abandonado a los diecinueve años)
ocupaba el lugar privilegiado
en el templo de la adolescencia.
Y la madre
compartía con él
ab origine
el ritual del té
cuando todos dormían y él,
consejero de las noches insomnes,
había desplazado el lugar del padre.
La diosa lo mimaba eternamente
con desayunos y almuerzos en la cama
y todo tipo de encantos
que convierten a cualquier hombre
en un malcriado,
his Majesty, the King.

Por mucho tiempo luché
con tenacidad
para instaurar un nuevo espacio,
el nuestro,
convertirme en la diosa de la adultez y los hijos,
consagrarme y consagrarlo
en el espacio de reconocimiento del otro.
Pero fue rotundo el fracaso.

Así era, Oscar, the wild.